Cómo aprender a nadar

¿Quieres aprender a nadar? Pues estás en la edad ideal para hacerlo. No importa si todavía vas a la escuela, si eres un adulto en plena madurez laboral o si ya te retiraste de tu trabajo. Nadar puede ser divertido para cualquier persona, lo mismo si tienes 10 años que 100. Si por alguna razón no tienes a ninguna persona a la que puedas pedirle que te ayude a dar tus primeras brazadas en el agua, este artículo te enseñará a mantenerte a flote y usar una técnica básica para avanzar nadando en intervalos cortos.

Recuerda que siempre es preferible contar con la ayuda de un experto, así que si tienes la posibilidad de asistir a clases profesionales de natación no dudes en hacerlo. Mientras tanto, aquí encontrarás lo que necesitas para sentirte cómodo en el agua en tus próximas vacaciones o la siguiente fiesta junto a la piscina a la que te inviten.

Pasos

  1. Si tienes miedo al agua, no tengas miedo de reconocerlo. ¿Sabías que es uno de los temas más comunes para una pesadilla entre la población mundial? Muchas personas se enfrentan en sueños ya sea el temor a una inundación, a quedarnos solos en mar abierto, a ser víctimas de un naufragio, o simplemente a ahogarnos en la piscina de un hotel. Es normal que los humanos tengamos nuestras dudas con respecto al agua. Después de todo, es demasiado evidente que fuimos hechos para andar por la tierra, y nadar por primera vez puede resultarnos tan intimidante como si nos pusieran a manejar un avión sin nada de experiencia previa. Así que el primer paso es reconocer que la idea de sumergirte en el agua te pone nervioso.

    Si tienes miedo al agua, no tengas miedo de reconocerlo.

    Si tienes miedo al agua, no tengas miedo de reconocerlo.

  • Si uno de tus temores es ahogarte dentro de una piscina, piensa en que sólo se ahogan las personas que están solas. Pídele a alguien que sepa nadar que te acompañe en tus primeros acercamientos al nado, y tendrás la seguridad de que no importa lo mal que hagas tus ejercicios habrá alguien ahí para sacarte del agua si llegas a estar en peligro.
  • Si tienes miedo a la sensación de estar rodeado por agua, practica primero sumergiendo todo tu cuerpo en una bañera durante algunos segundos. Recuerda que con las precauciones adecuadas sumergirte en una piscina no será más peligroso que estos experimentos en la bañera de tu casa. Cuando pases a practicar en la alberca, usa unos buenos goggles o lentes de natación para que puedas ver lo que pasa a tu alrededor y te sientas tranquilo en el agua.
  • Piensa en los riesgos que estás evitando. Si aprendieras a nadar en el mar o en un río, eso sí que sería arriesgado: es el tipo de lugar en el que no puedes saber la profundidad del agua ni los movimientos inesperados que ésta puede tener. Pero si aprendes a nadar en una piscina tranquila con una profundidad bastante menor a tu altura, no habrá razón para no vencer tus temores.
  1. Aprende a relajarte. Entra a la piscina con seguridad, siempre por la escalerilla de apoyo. Baja un escalón a la vez hasta que tengas un pie apoyado en el fondo para comprobar que la profundidad del agua no es un problema para ti. Lo primero que debes practicar una vez adentro es flexionar tus rodillas y sumergir tu cabeza por completo en al agua, para irte acostumbrando a la presión con la que el agua envuelve tu cuerpo. En realidad es una sensación agradable, una vez que olvidas ese nerviosismo de no saber si podrás volver a la superficie tan rápido como lo deseas.

    Entra a la alberca por la escalerilla.

    Entra a la alberca por la escalerilla.

  2. Practica la respiración. El control sobre la forma en que respiras es clave para nadar. Ponte de pie en una esquina de la alberca con poca profundidad, y haz una inhalación profunda pero no apresurada. Sumerge tu cabeza en la piscina y comienza a exhalar calmadamente por la nariz. Mientras más tiempo tomes para liberar el aire de tus pulmones, menos urgencia sentirá tu cerebro de volver a experimentar una bocanada de aire fresco. Repite muchas veces este ejercicio, sin cambiar tu posición con los pies bien firmes en el fondo para que tengas la confianza de sumergir tu cabeza por completo y volver a incorporarla. No contengas el aire dentro de tus pulmones ni te apresures a expulsarlo todo para volver a la superficie. Recuerda estar siempre relajado, y disfruta la sensación de ser más ligero en el agua; abre tus ojos detrás de los goggles y diviértete viendo la dirección que toman las burbujas de aire que echas por la nariz.
  3. Acostúmbrate a la flotación de tu cuerpo. En realidad no necesitas aprender a flotar. Sólo necesitas acostumbrarte al hecho de que tu cuerpo flota por naturaleza, cuando te relajas lo suficiente. Comienza por experimentar desde la posición con los pies apoyados en el fondo a la que ya estás acostumbrado. Sumerge la cabeza como en tus prácticas de respiración, pero esta vez encoge las piernas y deja que tu pecho se vaya hacia adelante mientras tus pies se despegan del piso. Enseguida verás que tu cuerpo puede flotar muy fácilmente, y si te mantienes relajado puedes jugar a hacer distintos movimientos con tus brazos y piernas antes de apoyar nuevamente los pies y sacar la cabeza para una inhalación.
  • Con el tiempo deberás acostumbrarte tanto a estar sumergido en el agua por ratos, que te resultará fácil hacer varias inmersiones seguidas sin sacar tu cabeza del agua nada más que los segundos que necesitas para inhalar profundamente. No te preocupes por nadar ahorita, sólo disfruta de la sensación de que el agua te levante, retuércete, da vueltas, agita los brazos y las piernas sabiendo que estás perfectamente a salvo y que sólo necesitas sacar la cabeza unos segundos antes de volver a jugar debajo del agua.
  1. Aprende a flotar horizontalmente. Ahora practica a sumergirte en el agua como en el ejercicio anterior, y estirar tus piernas hacia arriba en cuanto sientas que el agua las levanta. Mantén tu cuerpo extendido, aunque no flotes perfectamente en horizontal. Sólo disfruta de la sensación de estar “acostado” en el agua.

    Aprende a flotar horizontalmente.

    Aprende a flotar horizontalmente.

  • Ahora haz lo mismo dejándote ir para atrás. Esta vez, al sumergir la cabeza, echa tu espalda hacia atrás en lugar de inclinar tu pecho hacia adelante. Las piernas también comenzarán a flotar, y tu cabeza flotará lo suficiente para que tu nariz quede descubierta mientras flotas de espaldas. En esta posición puedes pasar mucho tiempo antes de volver a apoyar tus pies en el piso.
  1. Ahora flota pataleando. La manera más sencilla de comenzar es agarrarte con los dos brazos a una orilla de la alberca, inhalar y sumergir tu cabeza hacia adelante. Mientras tu cabeza está sumergida tus piernas flotarán atrás de ti y tú podrás moverlas arriba y abajo alternadamente para desplazar agua. Con esto te acostumbrarás a patalear sin perder la relajación general de tu cuerpo, y seguir así flotando con naturalidad. Cuando necesites inhalar de nuevo, no dejes de patalear ni sueltes la orilla a la que te estás sujetando con tus brazos. Simplemente flexiona tu cuerpo hacia arriba para sacar la nariz mientras realizas la respiración, y a continuación sumerge tu cabeza de nuevo para seguir pataleando.
  • Cuando ya te sientas cómodo con esto, es hora de ir al siguiente nivel del ejercicio. Esta vez, sumergirás tu cabeza con los brazos extendidos no hacia la orilla sino hacia el centro de la piscina. Sentirás igualmente que tus piernas se levantan detrás de ti, y podrás empezar a patalear mientras tu cuerpo flota extendido. ¡Ya estás nadando! Cuando necesites inhalar de nuevo, detén el pataleo y apoya tus pies en el piso para que puedas sacar la cabeza y darte cuenta de la distancia que te desplazaste. Con el tiempo irás adquiriendo práctica para llegar de una orilla a otra de la piscina en esa sección de poca profundidad. Con la seguridad de que en cualquier momento puedes hacer una pausa y ponerte de pie para descansar, pronto aprenderás a mantenerte flotando con los brazos extendidos y flexionar tu cuello hacia arriba para sacar la nariz del agua, respirando así en pleno movimiento, sin dejar de patalear.
  • Cuando tengas más práctica, prueba a coordinar el movimiento de tus piernas con tus brazos: describe círculos pequeños con tus manos para empujar agua hacia atrás y ayudarte a desplazar más rápido, o empuja tus brazos hacia atrás para después sacarlos al aire, colocarlos de nuevo estirados hacia adelante y repetir el movimiento, como en el braceo que seguramente has visto hacer a otros nadadores.
  1. Pues ya sabes cómo sentirte cómodo sumergido en una piscina y divertirte mientras estás debajo del agua. Sabes nadar porque te diste cuenta de que puedes flotar naturalmente, y sabes cómo desplazarte hacia donde desees mientras flotas. Si quieres aprender más sobre las técnicas para patalear y dar brazadas, hay muchas escuelas donde pueden enseñarte. Recuerda que todavía no sabes lo suficiente de nado para intentar recorrer grandes distancias o nadar en piscinas muy profundas (mucho menos en aguas agitadas de un río o un mar), así que no intentes nada que no hayas practicado antes; para hacer cosas más avanzadas debajo del agua, necesitas haber recibido clases profesionales. Por ahora diviértete y no te esfuerces en ser el mejor nadador de la alberca. Siéntete bien con las técnicas que has logrado dominar hasta ahora, sin ayuda de ningún instructor.

Autor: Oscar Avila

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